Sin querer hoy recordé mi aro de matrimonio. Recordé cuanta ilusión tuve al momento de comprarlo. Aún siento la emoción de cuando escogí el modelo, y por supuesto fue el de media caña; ya que me gusta lo simple pero a la vez bonito.

La primera vez que lo tuve en mi mano, me sentí especial... no sé porqué. Era un detalle que quizás nadie podía notar, pero yo lo lucía con orgullo, es más, cuando disponía a cruzarme las manos, procuraba que el aro quede a la vista de todos.

Incluso, hubo una oportunidad en que un sujeto comenzó a observarme en mi oficina. Era súper guapo, pero a mi me molestaba que me mirase cuando yo era una mujer casada (orgullosa de estarlo y sobre todo con la persona que más amaba en el mundo), asi que procedí a refregarle mi aro en su pelada cara para que dejase de hacerlo (ahora me arrepiento, pues sigue trabajando conmigo, y está hecho un CUERO).

Pero no sólo vinieron a mi mente esos lindos recuerdos, sino también el momento en que se acabó toda la ilusión. Aquél día, me rompí dos uñas tratando de quitármelo de mi anular, aquél dedo que estaba marcado por el sol por llevarlo tanto tiempo. Era tanta mi desesperación y dolor que sentí esa tarde, que parecía que no quería salir de mi dedo, al ver que mi mundo se derrumbaba. Era como si me pidiese a gritos "no me abandones".

Ese día, se rompieron mis sueños, mi adoración. Tomé el anillo y se lo tiré en la cara. Tiré aquél aro que para mi representaba tanto, que para mi era símbolo de nuestra relación, que era inacabable.

No recuerdo aún cómo a los días regresó a mis manos. Me lo seguí poniendo a pesar de ya no estar con mi esposo. Me prometí que para mi era como un medidor del amor que le seguía teniendo, a pesar de mi decepción hacia él.

Mes tras mes, día tras día, y hora tras hora, me fui dando cuenta que el mismo se veía inservible en mi anular. Que ya no tenía razón de estar ahi, que en lugar de hacerme feliz, me causaba daño, y más bien me recordaba una relación que ya no existía.

Un día me levanté... quizás 8 meses después de nuestra separación, fui a la joyería más cara de Lima, junto con mis amigas y mi hermana, y escogí el anillo más bello que podía haber. No me interesaba el precio. Para mi, no podía estar en ese dedo un anillo vanal, sino uno tan especial como su antecesor.

Si bien me sentía rara, y mi dedo pedía a gritos la compañía de ese aro dorado que lo acompañó por años, yo sabía que había dado un paso hacia un cambio.

Hoy me acordé de ti, y te tengo muy guardadito en mis recuerdos, por lo que significaste, por cómo me hiciste sentir. Realmente espero sentir lo mismo algún día... mientras tanto seguirás guardado en la oscuridad de mis sentimientos.